EL LUGAR DONDE CRECIÓ
EL LUGAR DONDE CRECIÓ
Tomás caminaba por las calles de Lomas de Zamora cuando una tarde de primavera decidió detenerse frente a la escuela primaria donde había aprendido a leer y escribir. Miró el viejo portón y, por un instante, volvió a ser aquel niño que corría durante los recreos detrás de sus amigos.
Había nacido allí y toda su vida parecía estar dibujada sobre esas mismas calles. En la secundaria había descubierto las primeras amistades verdaderas, los sueños y también las decepciones. Allí había aprendido que crecer significaba cambiar, pero también conservar algunas personas para siempre.
Años después, eligió estudiar en la universidad de Lomas de Zamora. Entre apuntes, exámenes y largas conversaciones con sus compañeros, fue construyendo su futuro. Pero, sin darse cuenta, también estaba construyendo algo más importante: sus afectos.
Cada rincón guardaba una historia. La plaza donde compartía tardes con amigos, el café donde celebraron tantos logros, la esquina donde alguna vez se enamoró y las calles que recorría diariamente camino a estudiar.
Mientras seguía caminando, Tomás comprendió que Lomas no era simplemente el lugar donde había nacido. Era el lugar que lo había formado.
Sonrió y pensó que, quizás, el verdadero orgullo de pertenecer a una ciudad no estaba en decir que uno era de allí, sino en poder afirmar que allí había aprendido a ser quien era.
Ciudadano manzana
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